"INGRID S.R.L.

c/ SILOS ARENEROS BUENOS AIRES"

CNFED CONTENC. ADM.,

SALA II CIVIL Y COMERCIAL,

CAUSA 7572 DEL 12/06/79

Abordaje: El art. 1113 del Código Civil no es aplicable al abordaje marítimo.


1) La solución genérica del art. 1113, 2o pá­rrafo, del Código Civil no es trasladable sin más ni más a la órbita del derecho de la navegación, cuyo particularismo exige atender de modo pre­ferente a sus principios propios.

2) En tanto el artículo 358 de la Ley de la Na­vegación contempla la situación del abordaje por causa dudosa y dispone que en ese supuesto los daños deberán ser soportados por quien los hubiesen sufrido. Cabe interpretar que no se parte de una presunción de culpa con la intensi­dad del derecho civil.

En Buenos Aires, capital de la República Ar­gentina, a 12 días del mes de junio de 1979, reu­nidos en acuerdo los Señores Jueces de la Excma. Cámara Nacional de Apelaciones en lo Fe­deral y Contenc.-Administrativo, Sala II Civil y Comercial, para conocer en recurso interpuesto en autos: "Ingrid S.R.L. c/ Silos Areneros Bue­nos Aires s/ Cobro de pesos", respecto de la sen­tencia de fs. 237/241 vta., el Tribunal estableció la siguiente cuestión a resolver:

¿Se ajusta a derecho la sentencia apelada?

Practicado el sorteo resultó que la votación debía ser efectuada en el siguiente orden: Seño­res Jueces de Cámara Doctores Eduardo Vocos Conesa, Osear Freiré Romero y Guillermo R. Quintana Terán.

A la cuestión planteada, el Señor Juez de Cá­mara Doctor Eduardo Vocos Conesa dijo:


I.- El 21 de octubre de 1975, alrededor de la hora 5:30, el buque "Rambla" —que se hallaba en segunda andana de la chata C.R. N° 7, en el Riachuelo (a la altura de las calles Pedro de Men­doza y Hernandarias)— sufrió el corte de sus ca­bles de amarre y se desplazó hasta tomar contac­to con el barco chileno "Antártico".

Como consecuencia de tales hechos, el "Rambla" experimentó algunos daños, cuya re­paración insumió dos días; daños que no le fue­ron satisfechos por su aseguradora en razón de ser inferiores a la franquicia convenida.

A fin de obtener la indemnización de tales perjuicios, imputando responsabilidad por el ac­cidente al buque arenero "Padre Barrufaldi" — que habría pasado por las inmediaciones a exce­siva velocidad, provocando el oleaje que ocasio­nó la rotura de los cables— la firma Ingrid S.R.L. demandó a Silos Areneros Buenos Aires, tasan­do su reclamo en las sumas de $ 30.467 y $ 40.000 en concepto de reparaciones y lucro ce­sante, respectivamente (fs. 47/49).

 

II.- La demandada, en el responde de fs. 52/54, puso de relieve que —en el lugar del hecho— lo común, normal y previsible en el paso de barcos de cierto porte cargados, con la consiguiente ma­rejada, de manera que el accidente sólo pudo ocurrir por negligencia del personal del buque "Rambla" "al sujetar su nave con cabos defi­cientes y no aptos para soportar la oleada que el simple paso de un buque cargado pueda provo­car".II.- El Señor Juez de primera instancia, en el pronunciamiento de fs. 237/241, consideró que no se había acreditado culpa en el proceder del bq. "Padre Barrufaldi" y, en consecuencia, rechazó la demanda, con costas. Apeló la actora a fs. 242 y expresó agravios a fs. 252/256, que fueron replicados por la contraparte a fs. 257/258.

III.- En el escrito de demanda la pretensión resarcitoria se fundó concretamente en la impu­tación de culpa al comando del buque arenero, la que estaría representada por su paso a veloci­dad excesiva en un canal de agua estrecho y de profundidad relativa (véase, en particular, fs. 48vta. y 49). De allí que el intento de la actora, en alzada, de encuadrar el caso en el segundo párrafo del art. 1113 del Código Civil deba ser desestimado por extemporáneo, toda vez que este distinto enfoque tiene sus implicancias di­rectas en punto a la prueba.

Estimo, en efecto, que no se trata de hacer aplicación lisa y llana de la facultad de determi­nar el derecho como lo resume el conocido pro­loquio "iura curia novit"), sino de un plantea­miento diferente que pone sobre el demandado una obligación probatoria que no aparecía exi­gida por los específicos términos de la deman­da, y cuya aceptación a esta altura de la causa podría traducirse en menoscabo de la garantía de la defensa en juicio (art. 18 de la C.N.).

Sin perjuicio de lo expuesto, creo que la so­lución genérica del art. 1113,2° párrafo, del Có­digo Civil no es trasladable sin más ni más a la órbita del derecho de la navegación, cuyo parti­cularismo exige atender de modo preferente a sus principios propios (art. la de la Ley 20.094). Entre ellos, cabe recordar que el art. 358 con­templa la situación del abordaje por causa du­dosa —acoto que en el "sub.lite" se aplican las normas del Cáp. III, seca. Iº, conforme con el art. 369— y dispone que en ese supuesto "los daños deberán ser soportados por quienes los hubieren sufrido", lo cual autoriza a interpretar que no se parte de una presunción de culpa con la intensidad del Derecho Civil.


IV.- Sentado lo que antecede, juzgo que la sentencia ha rechazado correctamente la de­manda. Tengo en cuenta, en primer lugar, que no hay prueba directa de que el buque "Padre Barrufaldi" se desplazara a velocidad impru­dente, resultando significativo que en la denun­cia efectuada por el patrón del "Rambla", el mismo día del hecho, no se aludiera en absolu­to a ese extremo (cfr. Exposición Nº 151/ 75, a fs. 188 ó 195, en la que se dice "por causas que desconoce"). Agrego, asimismo, que el Viceal­mirante Moritán Colman —que intervino como perito naval por la aseguradora del buque daña­do— señaló en su informe de fs. 36/42 que "se investigó en las personas del Patrón y Marine­ro de guardia... los que relataron en forma si­milar los hechos acaecidos y coincidentemente con lo expresado en la Exposición Nº 51/75" (ver, en esp., fs. 37), o sea, tampoco en esa oportunidad se atribuyó al barco arenero veloci­dad inapropiada.

Por lo expuesto, en el excelente dictamen pericial de fs. 107/121, el Alte. Várela puntuali­za, de entrada, que "el exceso de velocidad no está probado" y seguidamente aclara que la presunción del informe de fs. 36/42, en el senti­do de que el arenero marchaba "a toda fuerza ", no se traduce (en las específicas circunstancias de tiempo, modo y lugar) en una velocidad ex­cesiva; ello así, porque la potencia de las má­quinas "a toda fuerza" se gasta en vencer la re­sistencia que opone la fricción con el fondo del canal (resistencia que existe aun sin tal roce, cuando hay escasa profundidad con relación al calado de la nave), lo que constituye un impedi­mento para desarrollar una velocidad elevada (ver particularmente fs. 110).

Remarco, entonces, que la marejada hubiera existido "aun a moderado andar", como expre­sa el perito a fs. 111. Y ello implica que puede admitirse tanto la posición de la actora cuanto la tesis de la demandada, quedando sin prueba — siquiera presuncional, en los términos del art. 163, inc. 5°, apart. 2, del Código de rito— la causa jurídica concreta del "abordaje", pudién­dose a lo sumo tejer conjeturas sobre el punto. A lo dicho cuadra añadir que el "Rambla" se hallaba amarrado en segunda andana (en prime­ra estaba la chata C.R. N° 7), "en lastre" (vale decir, liviano) y en un lugar de paso frecuente de buques areneros (fs. 167). Estas tres circuns­tancias exigían de su comando la adopción de especiales medidas de seguridad, las que no fueron tomadas. Al contrario, el remolcador de la actora no solamente no respetó los recaudos del caso, sino que estuvo amarrado en condicio­nes antirreglamentarias (cfr. dictamen pericial, cap. 1.4.4., fs. 112/115 y fs. 133 y ss.) y, ade­más, con cables en deficiente o regular estado de conservación (ver el mismo dictamen, cap. 1.4.5., fs. 115/119).

Me importa todavía destacar —porque la ac­tora hace hincapié en ello— que la afirmación que hace el Almirante Várela a fs. 119 acerca de que el buque arenero "no habría navegado con prudencia suficiente, originando un oleaje que provocó la rotura de las amarras " sólo es váli­da —como expresamente lo señala el perito a renglón seguido— "en el caso de haberse pro­ducido el accidente en las condiciones que in­forman las actuaciones: lo descripto en la de­manda por la Actora, y por los Peritos" (alude aquí únicamente a la opinión de Moritán Col­man).

En síntesis, en su informe de fs. 36/42, el Vi­cealmirante Moritán Colman expresó que "las características del siniestro hacen que no se po­sean pruebas fehacientes de las circunstancias en que se produjo..." (ver en esp. fs. 39). Y el perito naval designado por el "a quo" señaló que "no abre juicio por falta de elementos su­ficientes en autossobre la realidad fáctica de las circunstancias del suceso   (fs. 119).

Por ello, de conformidad con lo dispuesto en el art. 358 de la Ley de la Navegación, la acto­ra carecía de derecho a reclamar a la demanda­da contribución para enjugar sus daños. Y para terminar diré que el testigo Puchetta ha dado versiones disímiles del hecho (cfr. fs. 86 y 205), lo que priva a sus dichos de fuerza convictiva; que la declaración de O. F. Martino es clara­mente incomputable, desde que alude a un cho­que de barcos inexistentes (cfr. fs. 85, a la 5a); y que ni L. A. Petrucci ni R. S. Tosi presenciaron los hechos (fs. 85 vta. y 86 vía.).

Voto, en definitiva, porque se confirme la sentencia de fs. 237/241, con costas a la actora (art. 68 del Código Procesal, que se atiene al criterio objetivo del vencimiento o derrota; esta Sala, causas: 4271 del 12 de noviembre de 1976, 5639 del 18 de noviembre de 1977, 6650 y6712del 11 de abril de 1978, 6859 y 6111 del 28 de abril de 1978, etc.).

Los Señores Jueces de Cámara dres. Oscar Freiré Romero y Guillermo R. Quintana Terán, por razones análogas a las aducidas por el Señor Juez de Cámara doctor Eduardo Vocos, votaron en el mismo sentido. Con lo que terminó el ac­to. Fdo.: Eduardo Vocos Conesa — Oscar Frei­ré Romero — Guillermo R. Quintana Terán.

Buenos Aires, 12 de junio de 1979.

Y VISTOS: Por lo que resulta del acuerdo precedente, confírmase la sentencia apelada de fs. 237/41 vta., con costas a la actora (art. 68 del Código Procesal).