"NATIL S.A. C/Cap., etc. buque "STELLA F",

Sala I, Causa 8.227/93 del 26.6.97 - Transporte Marítimo: Solidaridad

entre transportista contractual y efectivo: No aplicación.

 


1.— El principio según el cual el primer conocimiento directo rige para todo el desa­rrollo del transporte marítimo hasta la entre­ga de la mercadería en destino, adquiere ple­na vigencia si se trata de establecer el alcan­ce de las obligaciones del transportista con­tractual, esto es, de quien ha emitido el co­nocimiento originario.

2.— El transportador marítimo que expi­de el conocimiento para cubrir un transporte no se puede desentender de las obligaciones asumidas por el solo hecho de que haya de­legado la ejecución de un tramo de las obli­gaciones en un tercero, si el cargador/desti­natario no lo ha desobligado.

3.— En el caso de los transportes maríti­mos sucesivos en los cuales se expide un co­nocimiento directo, el emisor promete el he­cho de terceros, que son los transportadores siguientes. De allí deriva su responsabilidad por el incumplimiento de aquellos.

4.— Si el transportista marítimo contrac­tual no ha sido demandado por el faltante o avería y el objeto de la acción es establecer las obligaciones del buque que realizó un tramo del transporte sin haber celebrado contrato con el cargador/consignatario, re­sulta aplicable  el art. 292 de la ley de nave­gación (Adía, XXXI1I-A, 170).

5.— Del art292 de la ley de navegación (Adía, XXXHI-A, 170) no puede extraerse como conclusión que el transportador efecti­vo, que realizó un tramo del transporte sin


haber celebrado contrato con el cargador/ consignatario, deba responder en cualquier hipótesis ante éste,  y aunque no haya habi­do reproche alguno en la ejecución de su obligación. En efecto, la solidaridad que es­tablece ese artículo no es sinónimo de inexo­rabilidad, de modo que habrá solidaridad en la medida que al transportador efectivo le sea atribuible responsabilidad por algún in­cumplimiento que le sea imputable.

6.— El transportador efectivo, que realizó un tramo del transporte sin haber celebrado contrato con el cargador/consignatario, no asume frente a éste las obligaciones que sur­jan del conocimiento originario, que le son ajenas o que no puede lograr que se ejecu­ten. De tal modo, si el consignatario quiere hacerlas valer, debe accionar contra el transportador contractual, pues de lo contra­rio se impondría a quien ha ejecutado cabal­mente su obligación —pues ha descargado en destino lo que le fue entregado en ori­gen— las consecuencias de un incumpli­miento al que fue extraño.

6 El transportador efectivo, que realizó un tramo del transporte sin haber celebrado contrato con el cargador/'consignatario, no asume frente a éste las obligaciones que sur­jan del conocimiento originario, que le son ajenas o que no puede lograr que se ejecu­ten. De tal modo, si el consignatario quiere hacerlas valer, debe accionar contra el trans­portador contractual, pues de lo contrario se impondría a quien ha ejecutado cabalmente su obligación -pues ha descargado en

destino lo que le fue entregado en origen-las consecuencias de un incumplimiento al que fue extraño.

7.— Dado que en el caso del transporta­dor efectivo, que realizó un tramo del trans­porte sin haber celebrado contrato con el cargador/ consignatario, se está en presencia de un subcontrato, las acciones directas re­quieren como principio una normativa espe­cifica y son de interpretación restrictiva.

8.— El principio del art. 292 de la ley de navegación (Adía, XXXIII-A, 170) no impide que si uno de los transportistas demuestra la inexistencia de relación causal entre el daño y su conducta quede exento de responsabili­dad, pues en tal supuesto no funcionan los requisitos propios de la solidaridad y la solu­ción general, aparte de no ser justa, resulta­ría naturalmente antifuncional.

97.315-CNFed. Civil y Com., sala 1, ju­nio 26-997 (t).—Natil S.A. c. Capitán y/o Arm. y/ o Prop. Buque Stella E

2a Instancia. — Buenos Aires, junio 26 de 1997.

El doctor Pérez Delgado dijo:

1. Los hechos de esta causa no se encuen­tran discutidos. Realizaré por lo tanto una breve reseña para que luego pueda ser ade­cuadamente comprendido lo que aquí se dis­cute. (A tales efectos, es bien ilustrativa la descripción de los antecedentes que realiza el prolijo peritaje del doctor Etchepareborda, a fs. 44/49 y 70/71 de los autos sobre reconoci­miento previo).

La mercadería cuyo faltante es motivo de este juicio fue embalada en 5 cajones y em­barcada en el buque Diligence Container, en el puerto de Keelung (Taiwan, China).

En esa oportunidad, la armadora Dynamic Container Line expidió un conocimiento directo, fijándose como destino el puerto de Buenos Aires. Quedó claro que la mercadería —junto a otras— era consolidada en aquel puerto, en su interés y absorbiendo los gastos respectivos, en el contenedor TPHU 624.742/0 (ver conocimiento FC 9201, a fs. 40).

La carga fue transportada por aquel buque sólo hasta Durban (Rep. Sudafricana), pues en este puerto se emitió un nuevo conocimiento por parte de Unicorn (TNC 056, a fs. 26 del reconocimiento pericial), para que el transpor­te fuera continuado, desde Durban a Buenos Aires, por el buque Stella F. En este segundo conocimiento se especificó que lo cargado es el contenedor antes referido y que provenía de su trasbordo en Durban del buque Diligence Container.

Al arribar el Stella F al puerto de Buenos Aires, el contenedor fue descargado sin obser­vaciones en cuanto a sus precintos, agregán­dose en tal ocasión uno correspondiente a la Aduana.

Días más tarde, previa notificación a la fir­ma "Rohde & Liesenfeld S.R.L." (que figura­ba como "forwarder agent" en el primer cono­cimiento y como consignataria en el segundo), se procedió a la apertura del contenedor y se comprobó que los cajones que formaban la partida originaria se hallaban reclavados, veri­ficándose un faltante de 530 kg de mercadería.

Esto es lo que motivó este juicio que Natil S.A. -a cuya orden se expidió el conocimiento originario-, ha promovido sólo contra el se­gundo transportista.

2. Sobre la base de estos antecedentes, la sentencia de fs. 143/148 llega a la conclusión que el cumplimiento del transporte por parte del Stella F no merece reproche alguno, por cuanto entregó el contenedor en Buenos Aires en las mismas condiciones en que lo recibió en el puerto de Durban. Y el hecho de que el art. 292 de la LN prevea la responsabilidad solidaria de los transportistas, no excluye que

la norma presuponga la efectiva existencia de un factor de imputación, que en el caso no ha existido con respecto al segundo acarreador.

Contra ese pronunciamiento apeló la ado­ra, cuyo memorial de agravios de fs. 165/167 es respondido por la demandada a fs. 169/174.

3. Conviene precisar que la apelante no cuestiona el análisis de los hechos que efec­túa la sentencia apelada. En particular, no pone en tela de juicio que la demandada re­cibió en Durban un contenedor precintado y que lo entregó en Buenos Aires en las mis­mas condiciones. Sólo objeta que no se haya admitido la responsabilidad objetiva de la demandada —por su calidad de segundo transportista—frente al texto del citado art. 292 de la ley de navegación.

La primera reflexión que cabe es que, si bien es cierto que el primer conocimiento directo rige para todo el desarrollo del transporte hasta la entrega de la mercade­ría en destino —como dice la actora—, es­te principio adquiere plena vigencia si se trata de establecer el alcance de las obliga­ciones del transportista contractual esto es, de quien ha emitido el conocimiento originario.

Es de toda lógica concluir que el trans­portador que expide el conocimiento para cubrir un transporte entre Keelung y Bue­nos Aires, no se puede desentender de las obligaciones asumidas por el solo hecho de que haya delegado la ejecución de un tramo de las obligaciones de un tercero, sin que el cargador/destinatario hubiera desobligado al transportista contractual. Con solo apli­car los principios generales en la materia arribamos a esta conclusión (art. 814, Cód. Civil), que en este ámbito específico lo re­gula el citado art. 292 de la ley de navega­ción (ver esta sala causa 2957/94, de 24/5/1994 y sus citas) .Y, con referencia a los transportes sucesivos y en la hipótesis de emisión de un conocimiento directo, señalaba Malvagni que el emisor prometía el hecho de terceros, que son los transporta­dores siguientes, y de allí su responsabili­dad por el incumplimiento de ellos en vir­tud de lo dispuesto por el art. 1163 del Cód. Civil ("Contratos de transporte por agua", Buenos Aires, 1956, p. 710, núm. 422). Y, en el mismo sentido, lo ha resuelto esta sala con respecto al transporte aéreo, señalando como principio general la responsabilidad de quien aparece como transportador en la guía aérea, a cuyo efecto no es un óbice que no lo haya efectuado realmente, pues esa responsabilidad encuentra fundamento en el art.153 del Cód. Aeronáutico, en armonía con el precepto del art. 163 del Cód. de Co­mercio (causa 405, de 29/11/85).

Pero la situación que aquí se presenta es otra, porque el transportista contractual no ha sido demandado y de lo que se trata es de establecer las obligaciones de la parte del buque "Stella F", con quien el carga­dor/consignatario no contrató el transporte.

Para esta relación se rige directamente el art. 292 citado, cuya parte pertinente di­ce que "en el transporte combinado o bajo conocimiento directo, en el que hayan inter­venido buques de dos o más transportado­res distintos, el primero con quien se cele­bre el contrato y el último que entregue los efectos, son solidariamente responsables frente al cargador o destinatario y dentro de lo establecido en esta Sección, de las per­didas o daños que sufra la mercadería, sin perjuicio de las acciones de repetición con­tra el transportador en cuyo trayecto se produzca la pérdida o el daño".

Sin embargo, de esta norma -cuya exégesis ha sido correctamente formulada en el fallo de primera instancia-, no se puede ex­traer como conclusión, tal como lo afirma la apelante, que el transportador efectivo deba responder en cualquier hipótesis ante el consignatario, aunque no haya habido re­proche alguno en la ejecución de su obligación, quedándole sólo como alternati­va la eventual repetición contra el trans­portador contractual.

La solidaridad que pregona el pre­cepto en cuestión no es sinónimo de "inexorabilidad". 1 labra solidaridad en la medida en que el transportador efec­tivo tenga una responsabilidad que le sea atribuible. Estará obligado a respon­der, con las modalidades propias de la solidaridad, si ha existido de su parte un incumplimiento que le sea imputable. Pero él no asume, frente al cargador o consignatario, las obligaciones que sur­jan del conocimiento originario que les son ajenas o que no están en sus posibi­lidades lograr que se ejecuten. Si el con­signatario las quiere hacer valer, debe accionar contra el transportador con­tractual.

Lo contrario importaría imponer, a una parte que ha ejecutado cabalmente su obli­gación -pues ha descargado en destino exac­tamente lo que le fue entregado en origen-las consecuencias de un incumplimiento al que ha sido extraña por completo.

Nótese que en el mentado art. 292 de la ley de navegación no se prevé una respon­sabilidad irrestricta de los transportistas, sino "dentro de lo establecido en esta Sec­ción" —se refiere, obviamente, a la que re­gula la "Parte Segunda: Responsabilidad por pérdidas y daños". De tal manera en­tonces que no se puede prescindir de tener en cuenta los dispositivos de los arts. 271 y 275 inc. o) de la Ley de navegación, que es­tablecen en qué casos procede y en qué ca­sos se excluye la responsabilidad del trans­portista por agua, siendo obvio que no se la pueda extender a las hipótesis en las que ha cumplido acabadamente las obligaciones que por el contrato ha asumido y las que de modo imperativo establece la ley.

Adviértase asimismo que estamos aquí en presencia de una hipótesis de sub-contrato y, por lo tanto, no se debe olvidar que las denominadas acciones directas en estos supuestos —pues de esto se trata— requie­ren como principio de una normativa espe­cífica y son de interpretación restrictiva. (Sobre los principios generales en la mate­ria me remito a lo expuesto en la causa 0152, resuelta el 31/8/89 y a los preceptos allí citados).

Sólo como mayor fundamento —porque el texto que voy a citar no integra el dere­cho positivo—, es apropiado señalar que la interpretación que propicio es acorde con la normativa que prevé el art. 10 de las Reglas de Hamburgo de 1978 (su texto puede ser consultado en la obra de D. M. López Saavedra, "Contrato de transporte por agua. Derecho y política— A propósito de las Re­glas de Hamburgo 1978 — : ps. 131 y 132, Buenos Aires, 1979). Y aunque este autor no está conforme con la solución que incor­pora ese convenio por la dificultad que en ciertos casos se presenta para demandar al transportador contratante (ver ps. 50/51), la inequidad que advierte la funda en el he­cho de que el transportista efectivo, cuando se opera el trasbordo, "tiene la posibilidad de observar la mala condición de la carga de quien la recibe y obtener garantías suyas para el caso que deba responder al consig­natario en destino" (ver nota 116, p. 97), hi­pótesis que se debe descartar cuando el transportista efectivo ha recibido un conte­nedor cerrado y precintado, cuyo contenido no está en condiciones de controlar.

Destaco además que la misma interpre­tación ha seguido la Sala 2 de esta Cámara en un fallo reciente, poniéndose de mani­fiesto que el principio del art. 292 de la ley de navegación y, por analogía, el del art. 153 del Cód. Aeronáutico, no impide que "si uno de los transportistas demuestra la inexistencia de relación causal entre el daño y su conducta, él quede exento de responsa­bilidad, desde que en ese supuesto no fun­cionarían los requisitos propios de la

Solidaridad y la solución general, aparte de no ser justa, resultaría naturalmente anti­funcional" (del voto del doctor Vocos Conesa en la causa 4265/94, resuelta el 6 de fe­brero pasado).

4. Por los fundamentos expuestos y los que se vierten en la bien razonada sentencia de primera instancia, voto por su confirmación, con costas de la alzada a la actora vencida (art. 68, Cód. Procesal).-


Los doctores De las Carreras y Farrell se adhieren al voto que antecede

En mérito al resultado del acuerdo que se ha transcripto precedentemente, el tribunal re­suelve: Confirmar la sentencia apelada, con costas de la alzada a la actora vencida

Jorge G. Pérez Delgado

Francisco de las Carreras

Martin D. Farrell